Un embarazo no planeado, por ejemplo, puede obligar a las personas a tomar decisiones difíciles y compromisos de por vida que nunca anticiparon. De igual manera, lidiar con una ITS puede generar desafíos médicos y emocionales duraderos. El miedo, la vergüenza y la incertidumbre suelen acompañar a estos resultados, especialmente si la pareja no está dispuesta a asumir la responsabilidad ni a ofrecer apoyo. De repente, lo que parecía una decisión privada se convierte en una lucha a largo plazo.
El estrés que sigue a estas consecuencias puede ser abrumador. La ansiedad por ser juzgado, el miedo a problemas de salud a largo plazo o la carga de criar a un hijo sin una pareja comprometida pueden derivar rápidamente en depresión o desesperanza. Lo que comenzó como una búsqueda de conexión puede, en cambio, dejar a la persona sintiéndose aislada y destrozada.